Villistoca se
ha quedado sin habitantes. El caserío, ubicado en una llanura entre cerros, a
50 minutos en moto del centro poblado de Tarabuco, contaba con 205 personas en
2012; 12 años después solo quedan vestigios de una escuelita, más de una docena
de inmuebles abandonados y lo que fue una capilla que aún acoge a la virgen del
Rosario como única habitante. A cientos de metros del caserío, se observan más
casas abandonadas. En algunas viven comunarios que resisten la migración.
Contadas reses pastan por el lugar.
“En Villistoca
solo hay unas 10 personas de forma permanente”, dice Teresa Arancibia,
exdirigente campesina que hace unos 10 años dejó su casa en la comunidad para
irse con su familia a Tarabuco, uno de los 29 municipios del departamento de Chuquisaca,
donde está Sucre, la capital oficial de Bolivia. Ahí trabaja vendiendo pollo
frito y hamburguesas y tejiendo mantas y ponchos.
Teresa
recuerda que cuando era niña veía mucha gente en el caserío, pero por la falta
de agua para el consumo y los cultivos, la gente se fue yendo, los cultivos se
redujeron y la escuelita cerró. La sequía mermaba las cosechas y la cebada, el
maíz y la papa resultaban insuficientes para el sustento.
“Algunos
estamos en Tarabuco, otros se han ido a Sucre, otros a Santa Cruz”, dice Teresa
Aunque estos
desplazamientos son multicausales, los testimonios recogidos en este reportaje
entre autoridades, expertos y habitantes de Chuquisaca señalan al cambio
climático como el principal causante del éxodo debido a que ha ido intensificando
los fenómenos meteorológicos y climáticos.
El aumento de
las temperaturas y la disminución de las precipitaciones en la región han
sufrido una variación drástica. Las temperaturas máximas de abril a junio,
meses que habitualmente no son calurosos, han venido incrementándose de manera
considerable en los últimos cuatro años; en esos mismos años, las
precipitaciones cayeron en un 47%, lo que ha reducido los meses de lluvia y la
humedad de los campos de cultivo.
De acuerdo con
el Censo de Población y Vivienda 2024, 92 municipios a nivel nacional perdieron
población, así como 17 municipios de Chuquisaca, respecto al Censo de 2012.
Las lluvias
intensas, las granizadas y las heladas también golpean a los demás municipios
del departamento. Cada vez son más imprevisibles y afectan los patrones de
precipitación y los sistemas agropecuarios.
La migración
asociada a cambios extremos del clima no ocurre solo en Chuquisaca, sino en
Potosí, Oruro y otros puntos de Bolivia, un país donde la temperatura promedio
ha subido entre 0,9 y 1,2 °C desde 1890, de acuerdo con información citada en
la Política Plurinacional de Cambio Climático, lo que ha ido agudizando los
fenómenos naturales.
Michelle
Vásquez, responsable de la Unidad de Meteorología Agrícola del Servicio
Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi), señala que en todo el
territorio nacional se ven efectos del cambio climático. Dice que, desde agosto
de 2023, gran parte de las estaciones meteorológicas del país han ido superando
sus temperaturas máximas, e igual en 2024. “Es decir, cada año las temperaturas
son cada vez más altas”.
Aclara que el
cambio climático no produce sequías, inundaciones, tormentas o granizadas, sino
que las intensifica al modificar su comportamiento. Esto significa que hace más
severo e intenso el clima, con épocas secas más secas y épocas húmedas que
concentran las precipitaciones en tiempos cortos, es decir, lo que debería caer
en un mes, a veces llueve en un solo día.
92
municipios disminuyen población en 12 años
De acuerdo con
los datos del Censo de Población y Vivienda 2024, en comparación con los del
Censo 2012, se observa que 92 municipios, la mayoría ubicados en zonas rurales
de los departamentos de Chuquisaca, Potosí, Cochabamba y Oruro, que reciben
mayor impacto de la crisis climática, disminuyeron población hasta en un 28%.
-12000
1000
155000
habitantes
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La Agencia de
Noticias Fides y CONNECTAS revisaron los datos históricos meteorológicos y
poblacionales de Bolivia para averiguar por la relación entre cambio climático
y migración. Tomaron como ejemplo lo que sucede en Tarabuco, un municipio que,
de acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2024, y el análisis de la
Fundación Jubileo, perdió más del 21% de su población, en comparación con el
censo de 2012. Villistoca, uno de sus caseríos, sufrió el éxodo del 98% de sus
habitantes, según el alcalde de Tarabuco, Ariel Siles. Él estima que al menos
una docena de comunidades de su municipio son las más afectadas.
Fermín Salva,
de la comunidad de Thaya Huaca, a 21 minutos en moto desde el centro poblado de
Tarabuco, da testimonio de esta situación. “No hay lluvia, no hay trabajo, aquí
en la comunidad está totalmente la crisis, por eso la gente, mis hijos, se han
ido a otro país, a otros departamentos, para que vivan bien, para que
trabajen”, dice junto a su yunta.
Vestido con
ropa de faena, el productor prepara la tierra a fines de noviembre, cuando en
otros años por esa fecha ya había terminado de sembrar. La lluvia cada año
llega más tarde. Antes los campos eran humedecidos desde septiembre.
Fidel Limachi,
exautoridad del consejo del pueblo indígena de Puka Puka, a 12 minutos de Tarabuco
en moto, también relata cómo la falta de agua ha ido frustrando su intención de
que su comunidad, que cuenta con un colegio de nivel secundario, se convierta
en un centro poblado.
“Tenemos casas
desde 1999, en cinco a diez años ha crecido bien el pueblo, pero ahora se ha
parado por falta de agua, se han ido a todo lado”, señala.
El alcalde
Siles refiere que el calor de los últimos años es tan intenso que parece “como
si se estuviera bajando el sol”, y esta situación ha acentuado la sequía en una
región que por lo general es de baja precipitación.
La falta de
agua también afecta al centro urbano de Tarabuco, que es abastecido solo por
dos horas de manera interdiaria. Las comunidades a las que se puede llegar con
cisterna se benefician hasta con cuatro turriles (tanques de plástico de 650
litros de capacidad c/u) por familia una vez al mes, según señala Eluterio
Flores, encargado de la distribución.
Fermín dice
que el agua “no es suficiente para preparar la comida, para lavar la ropa, para
que beban los animales”.
Aparte de
Tarabuco, la crisis climática ha producido migración en otras regiones de
Chuquisaca, como Padilla, que también perdió un 27,4% de su población; Azurduy
con un 26,2%, Villa Alcalá con un 23,5% y Huacareta con un 13,8%, de acuerdo
con el Censo de 2024.
Casas abandonadas en el caserío de Villistoca, en
Tarabuco.
UN
PROBLEMA GENERALIZADO
Problemas
similares ocurren en todo Bolivia, pues se encuentra en una zona de intensa
variación climática. “Dadas sus características geográficas, topográficas,
meteorológicas y escasas capacidades de adaptación ante los efectos adversos
del cambio climático y desastres —de acuerdo con el Informe Global de Riesgos
2022 del Foro Económico Mundial, citado por la Organización Internacional de
Migraciones (OIM)—, el país se ve expuesto a desastres que inciden
negativamente en los medios de vida de poblaciones en situación de
vulnerabilidad”.
El mismo
documento de la OIM sobre movilidad ambiental y climática en América del Sur
señala que, además, “Bolivia enfrenta desafíos en torno a la disponibilidad del
recurso hídrico. Las sequías prolongadas, la desertificación que afecta a más
del 40% de su territorio y la pérdida del 50% de la cobertura glaciar
aumentaron la inseguridad hídrica, tanto para el consumo como para actividades
productivas como la agricultura o la ganadería. Estos impactos han sido
especialmente agudos en zonas rurales, lo que ha motivado procesos migratorios
hacia áreas metropolitanas y ciudades intermedias. Los pueblos indígenas han
sido afectados de forma diferenciada, debido a que dependen en gran medida del
medio natural”.
Entre 2016 y
2022, las inundaciones causaron el 95,3% de los nuevos desplazamientos internos
por desastres registrados en el país, de acuerdo con el informe del Centro de
Vigilancia de los Desplazamientos Internos 2023, citado por la OIM.
Los expertos
coinciden en que el cambio climático está provocando una escasez de agua en
todo el mundo debido a que el aumento de las temperaturas provoca que llueva
menos y que la evaporación aumente. A su vez, basados en estudios científicos
señalan que el cambio climático está provocando que las sequías duren más
tiempo y abarquen territorios más grandes.
“Básicamente
nuestro territorio ha sufrido un incremento de 1,5 grados en promedio, y puede
ser que, en algunos lugares, de manera disgregada a lo largo del país, la
cantidad sea mayor, incluso hasta 2 grados”, dice José Luis Montaño, docente
del Instituto de Hidráulica e Hidrología de la Universidad Mayor de San Andrés
(UMSA). Para él, esto es “un hecho ya consolidado en todo el país”.
El Monitor de
Sequías del Senamhi muestra lo que sucede a nivel nacional, en una línea de
tiempo de febrero de 2007 a febrero de 2024: la intensidad húmeda o normal se
ha ido reduciendo y ha dado paso a la sequía débil, a un aumento de la sequía
moderada y a sequía severa. Los datos indican que los niveles de sequía extrema
aparecen con más frecuencia en los últimos tres años.
FALTA DE
PROYECTOS INTEGRALES
“En las
comunidades hasta las vertientes se secaron, tuvieron que llevar agua para
atender a la gente, a 25 a 30 kilómetros de distancia”, cuenta Simeón Limón,
control social del municipio de Padilla.
Según él,
tampoco existen políticas para el sector productivo y, si bien se construyen
algunas represas para riego, “falta apoyo con semillas certificadas y apoyo en
los mismos sistemas”.
Los efectos
climatológicos afectaron los municipios de Nor y Sud Cinti, también en
Chuquisaca, pero en ese lugar la causante no fue la sequía, sino las lluvias
intensas que derivaron en riadas y desborde de ríos, así como granizadas
inusitadas que mataron los cultivos.
“Ha hecho
desaparecer una comunidad con nuestros productos ¿qué vamos a hacer? Esos son
efectos del cambio climático, nunca antes habíamos visto granizadas así”,
cuenta Miguel Mamani, secretario general de la Federación de Campesinos de esos
municipios.
15 familias de
su comunidad decidieron migrar por no tener recursos para volver a sembrar y
porque el municipio no cuenta con maquinarias para encauzar las quebradas y
habilitar las tierras afectadas. “Ya no hay confianza, si llueve de nuevo, se
vuelve a inundar”, indica.
Teresa
Arancibia recuerda que en el caso de Villistoca, en su gestión en 2023, igual
que lo han hecho otros dirigentes campesinos, pidió proyectos para agua y luz,
pero todo quedó ahí: “No hay plata”, le dijeron.
Pero, hay
inversiones millonarias que podrían convertirse en elefantes blancos. Ocho
plantas procesadoras de alimentos, con una inversión de 93,3 millones de
dólares, corren el grave riesgo de quedar inactivas por la falta de insumos
agrícolas, según reporta una nota publicada por Educación Radiofónica de
Bolivia (Erbol) en octubre pasado. En ella, Félix Almendras, secretario
departamental de Desarrollo Productivo, advirtió que la producción de materias
primas como el maíz, el ají y el maní ha caído drásticamente desde 2005, lo que
amenaza la viabilidad de estas plantas.
Esta realidad coincide
con la insuficiente inversión en proyectos de agua como se refleja en las
siguientes tablas.
El Ministerio
de Desarrollo Rural y Tierras (MDRyT) viene ejecutando desde 2018 el programa
nacional Nuestro Pozo, para apoyar a diferentes municipios. En Chuquisaca el
Ministerio entregó sistemas de agua y pozos como parte del programa, que ha
registrado una reducción de 18% en 2025.
Para este
reportaje se solicitó información sobre la designación de recursos para
proyectos de mitigación y adaptación al Cambio Climático a los ministerios de
Medio Ambiente y Agua y Planificación del Desarrollo. Hasta la fecha de la
publicación, con más de tres meses de espera, no se recibió respuesta.
Con la
disminución de la población en Tarabuco, el presupuesto 2025 fue reajustado.
Son cuatro millones de bolivianos menos ($us571.000), dice el alcalde Siles;
“vamos a tener que reducir un poco nuestro personal del gobierno municipal”.
“En 2012
éramos 16.994 y ahora somos 13.551 con el censo de 2024; como gobierno
municipal hemos trabajado para hacer volver a los que migraron a Santa Cruz,
pero la gente no quiere, ya se enraizaron”, refiere.
Indica que
algunas comunidades en Tarabuco se quedaron con personas en su mayoría de 60
años que ya no pueden trabajar la tierra. Hay entre 35 y 40% de tierras
abandonadas.
La migración
también afectó a la población escolar, que tuvo una reducción del 52% en 16
años. Siles dice que, de las 56 unidades educativas, cuatro ya cerraron.
Existen muchas escuelas con entre 3 y 20 estudiantes y unidades educativas con
entre 100 y 440 alumnos hasta 2020, de acuerdo con datos del Ministerio de
Educación.
El municipio
pese a ser considerado destino turístico por su rica cultura y tradiciones
Yampara, nación originaria que destaca por sus danzas, cerámica polícroma y
tejidos tradicionales, no ha podido activarse económicamente para retener a su
población.
Lo mismo le ha
pasado a Chuquisaca: la sucesiva migración le ha costado un escaño de
representación en el legislativo nacional. 52 días antes del Censo de Población
y Vivienda, que se llevó a cabo en marzo de 2024, el gobernador, Damián
Condori, expresaba su preocupación por la migración en el departamento y decía
en rueda de prensa: “Sabemos que los municipios han sufrido mucha migración […]
por diferentes razones, no podemos decir que es por un solo factor, pero el
cambio climático es el principal factor para que haya migración”.
Condori, en
respuesta a un cuestionario que se le hizo llegar, identificó cuatro problemas
estructurales en el departamento que no se han podido superar: el insuficiente
sistema de riego para el consumo y para la agricultura, la escasa integración
caminera, la falta de programas para apoyo al sector productivo y la exigua
electrificación.
Dijo, que, si
bien la población presenta una alta cobertura en servicios básicos, “ello no es
una garantía de que presente una elevada adaptación a los efectos de los
cambios climáticos”.
La escuelita del caserío de Villistoca terminó
abandonada por la migración de la población.
DISPOSICIÓN
DE ALIMENTOS
La falta de
lluvias ha impactado en el rendimiento de los cultivos en Tarabuco en un
territorio donde solo el 40% tiene algún tipo de riego, pero no de forma
permanente, mientras que el 60%, sin ninguna capacidad de represamiento,
depende únicamente de las lluvias, señala el alcalde.
Hay proyectos
de represas para riego, con una inversión de casi 13 millones de dólares, entre
la gobernación y el gobierno nacional, para garantizar el agua a algunas
comunidades en las zonas como Cororo, Pampa Lupiara y Anahuarque. La alcaldía
también reactiva una represa en la comunidad Paredón, construida hace 12 años,
que no entró en funcionamiento.
“Como gobierno
municipal también hicimos ocho atajados (reservorios de agua) con geomembranas
para el apoyo a la producción, para que no haya migración”, señala Siles.
Los cultivos
de maíz, papa y cebada de Fermín Salva, en Thaya Huaca, apenas le rinden entre
un 30 y 40% debido a que solo cuentan con lluvias para el riego. Hay
comunidades donde siembran la cuarta parte de la tierra de cultivo para
garantizar la cosecha, como hace Gabriel Choque, dirigente del Sindicato
Agrario Tarabuco que agrupa a nueve comunidades.
“Se siembra,
mínimo, una cuarta parte de la hectárea, porque cuando no llueve lo seca, mucha
lluvia lo inunda, a veces viene la granizada, la helada, por ese motivo sale
poca producción”, dice Choque, comunario de Viscachani que colinda con
Villistoca. Sin embargo, estas afectaciones, especialmente en alimentos
recurrentemente impactados, no se reflejan en las cifras del Instituto Nacional
de Estadísticas (INE) que, en general, muestran aumento en varios años. La
alcaldía de Tarabuco y la gobernación de Chuquisaca insisten en que se está
produciendo menos, pero no tienen cifras precisas sobre el volumen de producción.
Yasminca Tito,
coordinadora del Observatorio Agroambiental y Productivo (OAP) del MDRyT
explica que solo 11 productos considerados principales —cebolla, tomate,
zanahoria, papa, soya, trigo, arroz, caña de azúcar, maíz y carnes de res y
pollo— son monitoreados en los departamentos de Santa Cruz, Beni y Chuquisaca.
El objetivo es medir la producción mediante toma de muestras en salidas de
campo. Para el resto de productos se hace una proyección con base en el Censo
Agropecuario 2013.
Boris Arias, jefe
la Unidad de Monitoreo y Evaluación del Programa Mundial de Alimentos (PMA),
señala que el calendario agrícola ha cambiado debido al desplazamiento del
régimen hídrico: “Antes estaba muy marcado, venían los rituales de agosto y en
septiembre empezaban a cultivar, eso estaba asociado con las primeras nevadas y
heladas, la gente del campo decía ‘esta es la nevada de transición de temporada
que nos anuncia que tenemos que empezar a cultivar’”.
SIN
ESTADÍSTICAS PARA LOS MIGRANTES CLIMÁTICOS
La
Organización Internacional para las Migraciones (OIM) señala que la migración
es el resultado de una combinación de factores como la pobreza, la desigualdad,
la crisis económica, los conflictos armados, la pérdida de biodiversidad y las
cuestiones de género. Refiere que este carácter multicausal se suma al desafío
de vincular el cambio climático y la migración, pues su relación a menudo no es
directa.
Yara Morales,
coordinadora de Proyectos de Cambio Climático y Migración de OIM Bolivia,
indica que atribuir eventos específicos al cambio climático no es siempre
sencillo. Destaca como positivo el que la Ley 370 de Migración de Bolivia
reconozca la condición de migrante climático, que no se trabaja en otros
países; sin embargo, advierte que no hay una reglamentación para identificar a
los sujetos climáticos. Tampoco están incluidos en políticas nacionales ni en
compromisos internacionales sobre cambio climático.
La Ley define
a los migrantes climáticos como “grupos de personas que se ven obligadas a
desplazarse de un Estado a otro por efectos climáticos, cuando existe riesgo o
amenaza a su vida, sea por causas naturales, desastres medioambientales,
nucleares, químicos o hambruna”.
Angélica
Ponce, directora de la Autoridad Plurinacional de la Madre Tierra (APMT),
institución ejecutora de la Política y el Plan Plurinacional de Cambio
Climático, señala que el 2024 se adoptó el Plan Nacional de Mitigación y para
enero o febrero de 2025 se lanzará el Plan Nacional de Adaptación que aborda
“el tema de la migración como un punto fuerte”.
Para
contabilizar a los migrantes climáticos, agrega, se viene trabajando con mapas
municipales para identificar los territorios que han sido fuertemente afectados
por la crisis climática, donde incluso han desaparecido comunidades enteras.
Actualmente
solo se tiene el mapa de vulnerabilidad climática municipal de 2022, que toma
en cuenta para el análisis niveles de vulnerabilidad de seis áreas de interés:
alimentos, agua, salud, hábitat humano, ecosistemas e infraestructura. “En el
tema de migrantes climáticos todavía no se ha desarrollado una documentación
específica”, dice Mauricio Fernández, de la Dirección de Mitigación de la APMT.
El PMA viene
trabajando en Oruro, otro departamento de Bolivia, con las comunidades
Uru-muratos y Uru-chipayas que han sufrido el impacto de la sequía. El lago
Poopó, que era su hábitat, retrocedió hasta secarse y se quedaron sin
territorio ni lugar donde vivir.
“Estamos
trabajando creando piscigranjas, creando carpas solares que se ven desde el
cielo, dándoles acceso a lo que han perdido: el agua; que ahora ya están
autogestionando”, dice para este reportaje Alejandro Lopez-Chicheri, director
de País de la oficina de Bolivia del PMA.
Refiere que
estos proyectos han traído de regreso a muchas de estas personas que migraron
hacia la ciudad de Oruro y hacia Chile, aunque sabe que hay quienes no
retornan.
“Nadie quiere
abandonar el sitio donde ha nacido, tiene que haber razones poderosísimas y
normalmente son económicas, pero están relacionadas con el clima, si tienes que
abandonarlo es porque ya no hay medios de subsistencia”, relata Lopez-Chicheri.
Teresa
Arancibia también sueña con regresar a su comunidad, Villistoca. Sigue
esperando la ayuda de las autoridades. Dice que le gustaría sembrar cada año,
como antes, papa, maíz, cebada, arveja, trigo, pero por su casa no pasa el
agua.
“Hay un
riachuelo, pero falta cañería; mejor si hay un pozo o un atajado”, anhela.
Una
investigación de Luis Fernando Cantoral para Agencia de Noticias Fides y
CONNECTAS con el apoyo de Open Climate Report Initiative/Centre for
Investigative Journalism (OCRI/CIJ).
CRÉDITOS
Investigación,
texto, fotos y videos:
Luis Fernando
Cantoral
Acompañamiento
editorial:
Equipo
CONNECTAS
Diseño y
desarrollo:
Rolando Monzón
Multimedia:
Paula Andrea Cantoral
Recolección
y procesamiento de datos:
Mauricio
Foronda
https://www.connectas.org/especiales/exodo-por-agua-chuquisaca-bolivia-migracion-climatica/



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