SpudCell, una célula sintética ensamblada a partir de componentes químicos no vivos, podría servir para sintetizar medicamentos, vacunas y otros productos esenciales. Como toda nueva tecnología, no está libre de malos usos potenciales.
En el primer
panel se observa un óvalo verde con textura puntillista sobre un fondo negro.
Luego, el óvalo comienza a deformarse por su eje menor, como si un hilo
invisible hubiera comenzado a asfixiarlo. El óvalo cede al estrangulamiento y
se escinde apaciblemente. Ahora dos óvalos verdes ocupan el último panel: hemos
sido testigos de la división de la primera SpudCell, una célula sintética con
un ciclo de vida completo. Al menos, eso es lo que publicita el equipo de la Universidad de Minnesota, liderado por Kate Adamala y
Aaron Engelhart.
La palabra publicita
es la adecuada, ya que los investigadores líderes han publicado los resultados
(así como varios comunicados de prensa) en su propio sitio web, en lugar de emitir el anuncio tras una rigurosa
revisión por pares y la aceptación formal del estudio por parte una revista
científica. Este quizás sea el punto más débil hasta el momento para el hito
que puede constituir SpudCell en el campo de la biología sintética.
No es la primera
vez que el diseño de “vida sintética” se anuncia a medios de comunicación
masiva. Por ejemplo, en mayo de 2010, Craig Venter (1946-2026, pionero de la biología sintética) anunció
“la primera célula sintética, una célula creada comenzando con el código
digital en la computadora, construyendo el cromosoma a partir de cuatro
botellas de químicos, ensamblando ese cromosoma en levadura, trasplantándolo a
una célula bacteriana receptora y transformando esa célula en una nueva especie
bacteriana”. Sin embargo, la conferencia de prensa se dio después de que la
revista Science hubiera
aceptado el artículo de investigación.
El ADN de
SpudCell está codificado de manera modular, en lugar de una sola cadena de ADN.
La información genética se repartió por diseño en siete moléculas de ADN
(plásmidos), las cuales contienen la información que le permite a SpudCell
llevar a cabo un ciclo de vida celular completo: alimentarse, crecer, replicar su ADN y dividirse a
lo largo de varias generaciones. Este hecho no implica que SpudCell esté
“viva”; solo reproduce varias funciones esenciales con ayuda de nutrientes
suministrados de manera externa (una célula no sintética puede producir su
propio alimento a través del metabolismo). Al diseñarla de esta manera, los
científicos han logrado que el código genético de SpudCell sea mínimo: 90 mil pares de bases.
Para inducir la
división celular en SpudCell se utilizan proteínas que se aglutinan en la
superficie de la membrana celular hasta crear un estrés mecánico que conduce a
la división. Además, los científicos diseñaron el ADN de SpudCell para que
sintetizara proteínas que incrementan la velocidad de crecimiento y
replicación. Con ello, se observó que esta “descendencia” supera a la original
–es decir, que la descendencia se replica más rápido que la primera célula de
la cual surgió– después de cinco generaciones, por lo que en un escenario donde
los nutrientes escasean, solo la variante con crecimiento rápido prevalece; en
otras palabras, se tiene un comportamiento de competición y selección
darwiniana.
Quizás el
ejemplo más cercano a este comportamiento se obtuvo en 2022, cuando científicos de la Universidad de Illinois en
Urbana-Champaign, el Insituto J. Craig Venter, y la Universidad Técnica de
Dresde, desarrollaron
un modelo computacional que simulaba todas las funciones de la célula
JCVI-syn3.0, que posee el genoma más pequeño diseñado hasta ese momento, con
531 mil pares de bases, significativamente superior si se compara con SpudCell.
La simulación in silico de JCVI-syn3.0 es lo suficientemente detallada
para utilizarse con fines predictivos. Por ejemplo, la comprobación
experimental en la disminución del tiempo de replicación celular (de 120 a 105
minutos) tras reintroducir un par de genes que se consideraban no esenciales.
Este hallazgo es una muestra de la complejidad subyacente aún en sistemas
biológicos mínimos.
A pesar de ello,
la científica líder en el diseño de SpudCell, Kate Adamala, afirma que “hemos replicado en química lo que solía ser
posible únicamente en biología: el conjunto completo de comportamientos en una
célula. No hay chispa mágica misteriosa.” Sus palabras nos remiten a un punto
de inflexión en la historia de la química: la síntesis de la urea a partir de
químicos inorgánicos, inertes (como es también el caso de SpudCell) por
Friedrich Wöhler (1800-1882). Con ello, se desterró al vitalismo –la
idea de una “fuerza vital” que distinguía lo animado de lo inanimado– del
ámbito científico y se abrió la búsqueda de nuevas rutas para sintetizar
productos químicos de interés. De igual forma, el potencial valor de SpudCell
reside en su capacidad de servir como una carcasa o “plataforma biológica
programable” que permita sintetizar proteínas, medicamentos, vacunas, químicos
especiales para degradar contaminantes y/o generar combustibles, sin mencionar
su importancia en la comprensión de los mecanismos mínimos necesarios para
generar “vida”.
De confirmarse,
a través de una revisión por pares, las afirmaciones sobre las propiedades de
SpudCell, contaríamos con un banco de pruebas experimental para explorar
múltiples alternativas en la manufactura de productos químicos o investigación
médica. Con ello en mente, Adamala y otros científicos ajenos a la Universidad
de Minnesota han fundado Biotic, “una institución de ingeniería e investigación para beneficio del
público que buscan construir la infraestructura técnica compartida para la
ingeniería de células sintéticas, y mantener abierta la participación de los
investigadores alrededor del mundo”. El papel de Biotic es concentrar los
esfuerzos en la ingeniería para que realmente a través de SpudCell se puedan
probar diversos protocolos de investigación colaborativos “y
comenzar a aplicar esta tecnología a desafíos de alto impacto”.
La
biomanufactura –aprovechar el perfeccionamiento de miles de años de evolución
en sistemas biológicos acompañado de un diseño racional– puede tornarse en la
moderna “piedra filosofal” para convertir materias primas en productos de alto
valor agregado o de primera necesidad (la insulina, por ejemplo, cuyos costes
cada vez más prohibitivos pueden llevar a la muerte a algunos diabéticos). Pero
toda nueva tecnología conlleva preguntas sobre su potencial mal uso. En este
sentido, las palabras de J. Robert Oppenheimer son tan válidas hoy como hace
ochenta años si sustituimos “biología sintética” por “bomba atómica”: “Cuando
te encuentras con algo técnicamente factible, sigues adelante. Luego ya entras
en debates, pero solo cuando técnicamente el experimento ha dado sus frutos.
Eso es lo que ocurrió con la bomba atómica”. ~
22 septiembre 2026
Edición México
N° 334 /
Octubre 2026
Autor
(San Andrés
Tuxtla, Ver., 1981) es ingeniero químico y doctor en ciencias aplicadas. Fue
miembro del Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt. Fue galardonado con
el Tercer lugar de la categoría texto libre en el XIX Concurso “Leamos la
ciencia para todos” del Fondo de Cultura Económica; premio al Estudiante
Universitario en las categorías de Ensayo científico y humanístico y finalista
en el concurso de Ciencia Jot Down 2022, 2023 y 2024.
https://letraslibres.com/ciencia-y-tecnologia/celulas-sinteticas-preguntas-vitales/22/09/2026/













