Existe un singular vínculo entre la vejez y la escasez de agua dulce. Comprenderlo y usarlo a nuestro favor podría salvar a la humanidad o, al menos, mitigar los efectos de este mal. Hace tiempo que la escasez de agua ocupa titulares de todo el mundo. En varios puntos del planeta, no hay suficiente agua para cubrir las necesidades humanas y del ecosistema. Algunas de las causas que han derivado en este escenario son el crecimiento poblacional, el cambio climático, la contaminación y la gestión ineficiente. Las consecuencias de estos factores se ven reflejadas en crisis alimentarias, problemas de salud y conflictos.
La ONU alerta sobre la escasez de agua
Mientras Marte presume de grandes cantidades
de agua, la ONU declara
la «bancarrota hídrica» de la Tierra. La humanidad hace uso
del agua disponible en los ríos y el almacenamiento por
lluvia. Cuando este tipo de agua no está disponible, acude a
los glaciares, humedales y acuíferos. El resultado de este accionar es un
planeta con sistemas acuáticos quebrados (acuíferos compactados lagos fantasmas
o deltas hundiéndose) sin capacidad de recuperación.
Un informe de la
Universidad de las Naciones Unidas revela que el mundo ha ingresado en una etapa de
«quiebra hídrica global». Se trata de un punto de no retorno para determinados
sistemas en los que la demanda humana ha agotado de manera irreversible los
ahorros acuíferos y secado los pozos del futuro. En este contexto, el conjunto
del sistema hídrico del mundo ha quedado en riesgo.
Por este
motivo, nuestro planeta transita ahora por sequías más largas, una evaporación
acelerada y lluvias impredecibles. «Muchas regiones han vivido muy por encima
de sus posibilidades hidrológicas. Es como tener una cuenta bancaria a la que
se le extrae dinero cada día sin que entre un solo depósito. El saldo ya es un
negativo», expone Kaveh Madani, autor principal del informe de la ONU.
Cuál es la relación entra la vejez y la escasez de
agua dulce
Bajo este
marco, otro estudio
publicado en Water Resources Research llega para otorgar esperanza. Afirma que el
envejecimiento de las poblaciones podría disminuir el consumo mundial de agua
hasta un 31%. Al tiempo que el cambio climático altera el ciclo de las lluvias
y los acuíferos se agotan, la estructura demográfica avanza silenciosamente.
Una realidad
de la que no se habla mucho, pero que está ahí y tiene consecuencias más
profundas de las que podría parecer en primera instancia. Tanto que incide
sobre cómo la Tierra usa y gestiona las reservas de agua disponibles.
El informe repara en el envejecimiento de las sociedades, provocado por el
descenso de la natalidad y el aumento de la esperanza de vida.
Podría
traducirse en una reducción global de las extracciones de agua entre
un 15 y un 31% hacia mediados de siglo. Situación que no se da porque las personas
mayores ahorren agua conscientemente, sino porque modifican sus hábitos de
consumo, producción y actividad económica. La suma de estos factores genera una
disminución de la demanda hídrica. La tendencia se siente con mayor fuerza
en Asia Oriental.
Ubicaciones
como China, Singapur, Corea del Sur y Japón resuenan en las
proyecciones con descensos potenciales del uso total de agua del
42 al 62%. Esto conforme sus pirámides de población se invierten y el número de
ancianos sube. Hasta el momento, la mayoría de los sistemas de demanda hídrica
se cimentaban en tres pilares esenciales: crecimiento de población, desarrollo
económico y clima.
No se
contemplaba específicamente la edad. Al agregarla en esta oportunidad, los
investigadores evidencian que regiones con poblaciones más envejecidas (Europa,
Japón y parte de Norteamérica) tienden a experimentar estancamiento o hasta
retroceso en la demanda.
¿Qué implica este nuevo estudio sobre la escasez de
agua?
Al tiempo,
áreas del mundo con poblaciones más jóvenes, como gran parte del África
Subsahariana, reportan una mayor presión sobre el agua de los ríos y
acuíferos. El agua no se usa más solo porque se concentren más
personas en un espacio. Su empleo se intensifica cuando esas personas trabajan,
producen, se desplazan y consumen determinados bienes y servicios. El análisis
mencionado detecta una relación estadística clara.
Cuanta mayor
proporción de población mayor de 65 años hay, se registra un menor uso total de
agua. ¿Por qué pasa esto? No solo tiene ver con el gesto de abrir o cerrar el
grifo, sino en una transformación de hábitos. En el caso de las personas
mayores, suelen viajar menos, consumir menos productos vinculados a procesos
industriales intensivos y participar en menor medida en sectores económicos vinculados
con el consumo de agua (como manufactura pesada o agricultura comercial a gran
escala).
Saber el lugar
que ocupa el envejecimiento en el proceso de escasez de agua no
soluciona el problema del todo, pero sí otorga una herramienta nueva a
considerar al momento de planificar. Algo especialmente importante teniendo en
cuenta que el deshielo de los glaciares
acelera la escasez de agua dulce
Por Trini N.
Ilustración: Fuente: CONAZA
https://www.ecoportal.net/tecnologia/escasez-de-agua-vejez-relacion/

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