Los esfuerzos por resolver la crisis ecológica mediante mecanismos de mercado han fracasado una y otra vez. Pero los esfuerzos contrarios por convertir la naturaleza en algo invaluable no han logrado protegerla del mercado. Son necesarios, por ello, abordajes alternativos: es mejor pensar los ecosistemas como infraestructuras antes que como mercancías e imaginar nuevas formas de socialización de la naturaleza, en beneficio de humanos y no humanos.




