La alimentación de calidad es un derecho de todos, y es deber del Estado crear las condiciones para poder disfrutarlo
Aunque el número de personas que pasa hambre en el mundo se ha reducido a unos 800
millones —200 menos que en 1990—,
sigue siendo una cifra inaceptable. Alcanzar el hambre cero parece una meta
demasiado ambiciosa, pero afortunadamente la historia ha sido testigo de logros
de gran envergadura que nos demuestran que, con la determinación y la voluntad
política suficiente, (casi) todo es posible. Nuestra generación debe ser la generación
Hambre Cero, la que acabe con esta lacra inadmisible y que lastra el desarrollo
de nuestro planeta.













